Viernes, 22 de Junio de 2018
 

Luis Videgaray: 19 meses de desastre económico / Reportaje / Por Surya Lecona y Juan José Flores



 

Luis Videgaray:

18 meses de desastre económico

Historias de la crisis en tiempos de un

secretario que no ha podido levantar la economía



Historias: Surya Lecona y José Juan Flores

Análisis: Redacción Liberación

Colaboración especial: Braulio Peralta

 

 

Si a lo largo de 18 meses un país camina en los linderos del desastre económico, de los bolsillos vacíos, de los subejercicios en el Presupuesto federal, de la “desaparición” del dinero público, del aumento en los impuestos, del creciente desempleo o el aumento del trabajo informal, de una carestía galopante, de precios que cambian y crecen día con día, de las mesas cada vez más vacías, de la desesperación de proveedores que no reciben sus pagos, de empresas que ven la quiebra en la antesala de sus locales, de gasolinazos mensuales, y de tantos y tantos indicadores económicos en estado de alerta, es entonces más que normal preguntarse sin dobleces: ¿Qué diablos hace el secretario de Hacienda, Luis Videgaray, para desquitar el sueldo que se le paga por tener una economía sana y en crecimiento?

Porque hasta hoy, Videgaray solo ha tenido promesas para los mexicanos, quienes ven con desesperación como pasan los días y no se cumple ni una sola de las proyecciones hechas para la economía desde que el PRI regresó al poder presidencial en México. ¿Se equivocó el Presidente Peña Nieto al colocar a Luis Videgaray en Hacienda? Hasta el momento, los resultados dicen que sí, que no es lo mismo manejar las finanzas de un estado que las de un país, y que de plano, lo suyo, lo suyo, no es la economía.

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Mover a México: ¿Hacia dónde en la economía?

 

Justo hace dos años Enrique Peña Nieto ganó la elección para presidente de la República. Después de pobres resultados económicos en los 12 años que gobernó el Partido Acción Nacional, el Partido Revolucionario Institucional ofreció, en su regreso a Los Pinos, cambiar el rostro de México.

 ¿Qué ha pasado?

La economía no se ha movido del patrón de pobre desempeño que la caracteriza en las últimas tres décadas. Es un hecho y ese pobre desempeño significa que en los meses recientes no mejoró, respecto del pasado inmediato, el entorno de empresarios, empleados, trabajadores, amas de casa; de las personas que están detrás de los números.

En los dos primeros años del gobierno, y si las cosas no empeoran, el producto interno bruto (PIB), la medida más amplia de la economía, habrá crecido 1.9 por ciento en promedio anual, según las previsiones de la Secretaría de Hacienda: 1.1 por ciento en 2013 y en torno a 2.9 por ciento en 2014. Es una cifra inferior al de las tres décadas precedentes, que fue de 2.1 por ciento en promedio cada año.

Nada para escribir a casa. Lo que sí ha habido son muchas promesas. El discurso económico del gobierno, ya sea que hable el secretario de Hacienda, Luis Videgaray, o el propio presidente Peña Nieto, gira en torno a los resultados que ellos esperan de las reformas en los sectores de telecomunicaciones y energía, principalmente. Con ellas buscan generar un mayor flujo de inversiones en el país, a partir de la entrada al mercado de más participantes, en el caso de la primera, y de inversión privada en un sector que hasta ahora estaba en poder del Estado, con la segunda

 Sólo que las reformas no se han concretado todavía. Falta la legislación secundaria que las lleve al terreno de los hechos. Una vez que esas leyes sean aprobadas, lo que previsiblemente ocurrirá antes del otoño, pasará un buen tiempo antes de que se traduzcan, si es el caso, en inversiones, obras, empleos y más salarios pagados.

La anterior reforma energética, realizada durante el gobierno del presidente Felipe Calderón (2006-2012), tuvo su expresión más concreta en el compromiso de construir una refinería en Tula, Hidalgo. Después de varios años, de ese proyecto sólo existe una barda perimetral.

                                              

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Susana Cisneros

El Rincón de Susana

 

Susana Cisneros tiene 51 años de edad y dirige una fonda que se encuentra en las esquinas de la avenida Ermita Iztapalapa y la calle Unicornio. Antes de ir a la cama, que no a dormir, porque tiene varios días que no duerme, elucubra sobre una pequeña mesa, en una libreta, las recetas que cocinará el próximo día en su pequeño negocio.

Al despertar, cada mañana se dirige a La Merced a hacer “el mandado”. Ella prefiere esta opción ante otros mercados porque para llegar a La Merced sólo toma un microbús y si fuera, por ejemplo, a la Central de Abasto, tomaría tres.

 

De regreso toma un transporte más porque regresa con las compras en mano, es decir, gasta 18 pesos diarios. Hace apenas dos años, el pasaje costaba tres pesos y cincuenta centavos, ahora son seis pesos, y el total se duplicaría si fuese a la Central de Abasto.

Hasta principios de enero de este año, para Susana era suficiente llevar 600 pesos para sus compras, pero a partir de entonces comenzó a serle insuficiente el dinero, tuvo que aumentar a 800 pesos y luego a mil. Aun así no consigue comprar todo lo que necesita, siguen faltando algunos elementos y ella tiene que ingeniárselas para la elaboración de sus guisados.

Las obligadas compras incluyen jitomate, cebolla y pollo o carne de res. El pollo, por ejemplo, que hace tres o cuatro meses costaba 20 pesos, ahora tiene un precio de 38 pesos el kilo.

“De enero para acá hubo una subida terrible de precios y en consecuencia un bajón horrible en nuestros ingresos, yo ya estoy a punto de cerrar mi negocio luego de tres años”.

 Susana se lleva las manos a los ojos, niega con la cabeza y continúa: “La deuda que tenemos por la renta del departamento y el local ya subió, ya no hay ganancias y sólo se incrementan nuestras deudas.”

Inevitable percibir la desesperación en su rostro.

Los clientes que frecuentan El Rincón de Susana han disminuido. Hasta el primer mes de 2014, Susana vendía alrededor de 60 comidas diarias. A partir de febrero vende un promedio de 30 como máximo.

El menú aumentó de precio sólo cinco pesos, de 40 a 45, pero el impacto fue de una reducción del 50 por ciento de sus ventas.

La cocinera ha conversado con sus antiguos clientes y la razón principal por la que no van más, es que tampoco a ellos les alcanza y  han optado por llevar comida de sus casas o comprar simplemente tortillas, un refresco y a veces un cuartito de queso.

Su clientela es de albañiles, pintores, trabajadores de la Clínica Unidad Médico Familiar No. 15 del IMSS y de Crivisa, una empresa donde se trabaja el vidrio y ganan el sueldo mínimo. Ellos sólo llegan a comer al Rincón de Susana en cuanto reúnen el monto de una ración con las propinas.

Rodolfo Colín, el esposo de Susana es mensajero. Él es el que cubre la mayoría de los gastos familiares porque con el negocio ya casi sólo alcanza para pagarle a la señora Mary, que ayuda en la cocina.

Por todo el desgaste en la cocina y la nula ganancia, Susana y su esposo, las últimas noches, mientras se sientan a conversar, revisan sus cuentas y discuten sobre la quiebra del negocio.

“Pues sí quisiéramos seguir, pero pa´como andan las cosas quién sabe. A esto no se le ve futuro…”.

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 Jorge Córdoba Valencia

Compositor y director de coros y orquestas

 “¿Política económica? ¿A poco hay? --se pregunta el compositor y director de coros y orquestas Jorge Córdoba Valencia--. Si la hubiera, el principio del que debiera partir es el de hacer lo mejor para que la gente esté bien. Y eso, ahorita, no está pasando”.

Y luego, para explicarse, teje una simple pero efectiva metáfora: “Imaginemos al país como una familia. El jefe de esa familia es el Presidente. Pero resulta que no hace lo necesario para que la gente esté bien, sino que nos dice: ‘Sé que usas dos zapatos, pero no me alcanza para comprarte los dos, así que usa uno y cuando te lo acabes te doy el otro.’ ¡Es absurdo!”.

Conductor del programa Horizontes de nuestra música desde hace 13 años, en Opus 94.5, Jorge Córdoba recuerda que el país siempre ha estado en crisis.

Lo ha vivido: “Nunca he podido tener un estado económico definido, estable —dice—. Me pagan por un trabajo, guardo ese dinero, y lo voy administrando en lo que sale otra cosa que me genere recursos. Así he vivido. Por eso no puedo decir si hoy las cosas están mejor o peor que antes. Lo que sí sé, es que todo cuesta más caro que antes”.

Jorge Córdoba Valencia nació en 1953 en la Ciudad de México; estudió en la Escuela Nacional de Música y se especializó en composición y dirección en España, Brasil, República Dominicana, Estados Unidos y Hungría; es autor de más de cien obras de música vocal, de cámara y orquestal; en 2012 obtuvo, con el Ensamble Vocal Túumben Paax, el primer lugar en el I Festival Internacional Coral en Florencia, Italia.

Con todo, confiesa que su mejor momento económico lo vivió en los tres años pasados que le dieron la beca de creador artístico que otorga el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes por tres años. Era una entrada segura y mensual de 17 mil 64 pesos.

“No es una fortuna —reconoce el compositor—, pero si lo comparo con el valor del salario mínimo me da pena. Yo hablando de Mozart y de elaboraciones armónicas, cuando la gente no tiene para comer”.

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Subejercicios, un problema de calendarizacuón: Videgaray

 

Una mezcla de impericia y decisiones políticas que han probado ser controvertidas caracterizan la actuación del gobierno del presidente Peña Nieto. En ambas ha jugado un papel determinante su secretario de Hacienda, Luis Videgaray, uno de los dos o tres hombres con más poder en el primer círculo de Los Pinos.

La primera tiene que ver con la forma en que el gobierno federal utiliza el dinero público. Durante los nueve primeros meses de 2013 el gasto simplemente estuvo paralizado.

“Un problema de calendarización”, como explicó Videgaray a toro pasado, cuando se refirió al tema en enero de este año, durante un seminario en el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM).

Lo dijo así:

El retraso en el gasto público en la primera mitad de 2013 “ fue un efecto calendario relacionado con el cambio de gobierno, con la transmisión de una administración a otra, que obliga a una calendarización del gasto distinta al último año de gobierno. Mientras que una administración saliente en el sexto año adelanta el gasto, la administración entrante en su primer año de gobierno necesariamente ejerce el gasto concentrándose más en el segundo semestre. Eso en parte es por la fecha en la que cambia el gobierno, que es el 1 de diciembre.

Esto implica que el presupuesto de egresos en el primer año de gobierno se aprueba mucho más tarde y las reglas de operación de los programas se aprueban más tarde”.

Es una explicación convincente, pero con poco sustento. Un cambio de gobierno no es un evento sorpresivo. Existe un espacio de cinco meses entre la votación y el relevo de la administración. Un hecho que puede ser corroborado por toda empresa proveedora de bienes o servicios al sector público fue que, en 2013, en medio de la desaceleración de la actividad económica, tuvo que esperar hasta nueve meses antes de recibir sus pagos.

Y esa fue una de las causas, admitidas incluso oficialmente, de que las cosas no pintaran mejor el año pasado.

Una segunda decisión, en este caso de carácter político, complicó las cosas en 2014. Fue la reforma fiscal impulsada por el gobierno y aprobada en el marco de negociación política del hoy poco mencionado Pacto por México.

No todos pagan impuestos; y no todos lo hacen de forma pareja, que son dos de los principios constitucionales que sustentan el cobro de los tributos: que todos los paguen y que sean proporcionales al ingreso o la renta.

Aumentar los impuestos en un momento de disminución en el ritmo de actividad económica, como el que vive México desde mediados de 2012, actuó como un freno más al crecimiento. Es una afirmación que puede encontrarse tanto si se busca entre especialistas financieros, analistas económicos y empresarios. Las modificaciones al régimen fiscal de las empresas –que no pueden deducir inversiones ni aportaciones a la seguridad social a partir de este año, por ejemplo—encarecieron los costos de las compañías en alrededor de 20 por ciento, respecto de 2013.

La consecuencia: menos empleos, reducción de prestaciones a través de la subcontratación, también llamada outsourcing –figura legalizada con la reforma laboral aprobada en los últimos días del anterior gobierno--, retraso en planes de expansión.

 

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 Ernesto Bernardo Murillo Herrera

Oficinista en la delegación Coyoacán

 

Su nombre es Ernesto Bernardo Murillo Herrera. Es un ciudadano mexicano que paga impuestos, se transporta en la Ciudad de México y se alimenta todos los días en esta ciudad.

De vez en cuando sale de su oficina y compra un refresco en la tiendita que se encuentra atravesando el camellón. A la hora del almuerzo, pide que le traigan comida de una cocina económica que queda muy cerca: 35 pesos es lo que gasta.

“Pedir una pizza ya es un lujo, y sí, lo pienso dos veces”, reflexiona mientras acomoda su bigote castaño y bien recortado.

Ernesto tiene una voz grave que refleja seguridad, pero se difumina un poco en el momento en que habla de su situación económica y de cómo ha tenido que ajustarse al flujo de una nueva sensación en declive de sus finanzas: deudas, gastos, ahorros.

Ya no ahorra como antes lo hacía. “Aquí en la oficina antes solíamos realizar tandas o quinielas, pero las hemos tenido que reducir. El dinero ya no alcanza como antes”, recuerda.

El oficinista ha tenido que privarse de algunas cosas o actividades, readministrar su salario y ver cómo hace para “estirar su dinero”.

Antes, por ejemplo, iba dos veces por semana al cine, era una de sus actividades favoritas. Ahora va muy poco, una o dos veces al mes: si va con pareja, termina gastando hasta 300 o 400 pesos.

Ernesto Bernardo también hace referencia al aumento de los planes tarifarios de la telefonía celular, no encuentra ningún beneficio, y por ello prefiere usar tarjetas, sólo para cubrir sus necesidades básicas.

Ahora, los fines de semana Ernesto se queda en casa y ve televisión por cable. El gasto excesivo que implica salir por las noches lo reduce viendo televisión. Cada salida para él significa pensar en estacionamientos, bebidas en los bares, gasolina: “Todo ha subido demasiado”, se queja.  Y ahora ha optado por reunirse en casa con amigos. De vez en cuando también van a algún sitio en “bola”, pero pagan entre todos.

“Y la verdad, no se ve ni por donde vayan a cambiar las cosas”, remata con pesadumbre.

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 Benigno López Mancilla

Taxista

 

De sus 45 años, Benigno lleva más de 20 manejando un taxi. Las placas y el vehículo no son suyos, por lo que tiene que entregar diariamente una cuota de 200 pesos. Lo que obtenga más allá de esto (después, claro, de descontar el gasto en gasolina) es suyo. Pero este oficio, que hasta hace algunos años le permitía, con cinco o seis horas bien trabajadas, vivir tranquilamente y hasta ahorrar un poco de dinero, ahora apenas le da para ir saliendo adelante.

“Pasa el tiempo y va haciéndose más delgada la rebanada de pastel. Antes éramos un grueso de cien mil carros [taxis] nada más. Por número de placa. Pero llegaron los gobiernos perredistas y sacaron otras modalidades de placas. Sus famosas Serie A, Serie B, Serie Rosa, Taxi Ecológico... Pero lo que hace más daño son los taxis pirata. Y no se puede acabar con ellos porque cada ocho días cumplen con su cuota.

“Ahora también es obligatorio el cambio de unidad cada cierto tiempo y pagar y pasar revista. La gasolina aumenta cada mes desde hace muchos años. Y si a eso le sumamos que los expendedores de gasolina no venden litros completos, todavía peor. Ha bajado mucho el uso del taxi. Entre otras razones, porque por la situación del país en general y en DF es a la defensiva.

“Y eso que usted dice de darme de alta en Hacienda, pues no, porque la experiencia con nuestros políticos es que hacen mal uso de nuestros recursos. Y cuando hay un político corrupto no hay un castigo ejemplar. Nada que nos aliente a pagar impuestos.

“Lo que gano, prefiero gastarlo en alimentos, en unas vitaminas; en pagar luz o gas que aumenta mes con mes. Mi único esparcimiento es ver televisión por cable, pues no es tan caro: cuesta menos de 300 pesos; al cine no voy y aunque me gustaría tomar unas vacaciones, la economía no me lo permite. Todavía me acuerdo de los primeros años en que comencé con el taxi: era negocio. Ahora ya no.”

 

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¿Era necesaria una reforma fiscal?

 

 La respuesta es obvia: sí. El Estado depende de los volátiles y decrecientes ingresos petroleros para financiar un tercio del gasto público. Sólo que la impulsada por el gobierno y avalada por sus socios en el Congreso miró para el mismo lado de siempre. Se recarga en los mismos que ya pagan. Aunque hay un matiz en el que vale la pena detenerse.

La reforma puso fin a dos prácticas usadas por años por los grandes consorcios para disminuir, o de plano evitar, el pago de impuestos. Desde ahora no existe más el llamado régimen de consolidación, que permitía a un grupo empresarial usar las pérdidas de alguna subsidiaria para, contablemente, anular las ganancias en otra y así evitar la tributación; la otra es que ya no podrá ser usado el canje de acciones en la Bolsa Mexicana de Valores como una práctica para transferir la propiedad de una empresa sin pagar los respectivos impuestos.

No son cambios menores, sólo que su efecto en la recaudación –y por lo tanto en el dinero del que el gobierno dispone para gastar en obras y servicios—no es sino a mediano y largo plazo. En este par de cambios legales se puede hallar parte del enojo de las cúpulas empresariales, que un día sí y el otro también, enderezan críticas a los cambios fiscales.

Lo que sí fue inmediato fue el efecto de la reforma fiscal en las cuentas de las empresas y en el bolsillo de las personas con la entrada en vigor, este año, de los nuevos impuestos. El gobierno espera obtener, con esos cambios, alrededor de 275 mil millones de pesos. Es dinero pasa de las empresas y familias al gobierno.

Queda menos para gastar porque esos recursos son transferidos al Fisco. Ahí está parte de la razón por la cual este año tampoco ha despegado la economía, hay un desánimo y pesimismo, como muestran encuestas de opinión publicadas recientemente, y las expectativas no mejoran.

Hasta aquí tenemos que: lo concreto en la conducción de la política económica es que ha habido muchas promesas de un futuro mejor cuando las reformas estén aprobadas; y, por el otro, dos decisiones tomadas desde la Secretaría de Hacienda que han lastrado el crecimiento: retraso en el gasto el primer año del gobierno; y un reforma fiscal que, enfocada principalmente en los mismos contribuyentes de siempre, redujo los recursos de que disponen empresas y familias.

 

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Alan Javier y Rafael

Repartidores de pizzas

 

En la franquicia de Pizza Hut que se encuentra en la colonia San Andrés Tetepilco, en la avenida Playa Pie de la Cuesta, Alan Javier y Rafael esperan sus órdenes consecutivas para salir en sus respectivas motocicletas.

Rafael trabaja ocho horas diarias, la hora se la pagan en nueve pesos y recibe alrededor de 600 pesos a la semana, cobra los jueves y en ocasiones le dan algunos bonos o premios que se reflejan en 600 pesos más al mes. Tiene casa propia, vive con su esposa (ama de casa) y su hija. Su madre le ayuda con los pagos del agua y la luz.

Sus gastos son principalmente en alimentación y en los aparatos auditivos y la colegiatura escolar de su hija. Las propinas para él son esenciales.

Antes, con 300 pesos compraba todo lo que necesitaba en el mercado para la semana. Ahora, con 400 sólo obtiene lo básico. Por eso no tiene mucho tiempo para conversar, es el repartidor más activo, se le ve entrando y saliendo del local todo el día para ganar la siguiente orden.

Alan sí se detiene, habla pausado y transmite mucha tranquilidad, tiene 21 años y poco más de un año trabajando en Pizza Hut, no terminó el bachillerato y vive con sus padres en Santa Martha Acatitla.

Sus gastos son básicos: trasporte diario 12 pesos, comida, y vestido. Las propinas que obtienen son muy valiosas: entre semana alrededor de 40 o 50 pesos diarios; fines de semana cerca de 200. Alan no tiene compromisos y puede disfrutar de ese dinero.

 A pesar de que ha notado un aumento en los productos básicos, a él no le afecta mucho porque puede adaptar sus gastos y sus entretenimientos a su salario.

Ambos, Rafael y Alan, tienen seguro de vida y las prestaciones básicas. Pero no tienen perspectiva de crecimiento, pues con las nuevas formas de contratación que aprueban el pago por hora, muchos negocios adoptan esa modalidad y pagan a poco más de ocho pesos la hora.

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Fortunato Ramírez

Albañil

 

“Me llamo Fortunato Ramírez y nací en Guerrero. Llegué a la Ciudad de México como en el sesenta y tantos y empecé a trabajar en la albañilería. Antes el dinero me alcanzaba más y había también más trabajo. Y como no tenía familia pues podía regresar de vez en cuando al pueblo. Ahora ya hace como cuatro o cinco años que no voy. Tengo una esposa y tres hijos. Y para ir y venir, necesito llevar de perdida tres o cuatro mil pesos, más el pasaje, que cuesta como 370 pesos

“Cuando me contratan por día, pagan de 300 a 400 pesos. Y trabajando por destajo saco unos 500 pesos. Se cobra por metro cuadrado de loseta, albañilería de tabique, yeso, aplanado, pintura. Pero a la semana sale trabajo uno o dos días. Hay veces que pasan dos o tres semanas y no sale nada. Aquí, en este lugarcito al lado de Catedral, tengo más de 40 años.

“Allá en Ecatepec, en donde vivo, hay chamba, pero la pagan muy barata. El tabique y la loseta como a 40 pesos el metro cuadrado. Acá mínimo 60 pesos. Si tengo la suerte de trabajar toda la semana, saco unos dos mil pesos. Si voy a las obras, por la edad que tengo, no me dan trabajo, ya no me reciben. Tienen que pagar seguro. Tengo 74 años y desde hace 4 años que no me contratan en las obras.

“Solo por venir y estar aquí me gasto cien pesos diarios. El trabajo que más cae es el impermeabilizado y la loseta. Albañilería hay demanda, pero quieren pagar muy poco. El sueldo de uno no sube. Lo que sube es el gas, las tortillas, ya ve el huevo cómo se ha puesto de caro. Sube la gasolina y la luz y sube todo lo que es verduras, el teléfono.

“Uno de mis chavos está en la prepa y dos en la primaria, entonces hay que pagar Internet, la computadora, el material para las tareas. Lo más importante es que haya para comer y tener salud: lo demás sale aunque sea de usado, la ropa, los zapatos.

“En la casa comemos calabaza, ejotes, nopales, sopa aguada, arroz, frijoles, una salsa y huevo; pollo cada ocho días o cada mes. Carne de res no: el kilo de bistec está muy caro, está como en 140.

“Ahora ya no alcanza para nada. Un lujo es ahora comer unas   galletas o un pan de dulce. Pero pa´lo demás, ya ni pa´cuando”.

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El incierto presente

 

El secretario Videgaray ha dado dos explicaciones diferentes sobre la desaceleración de la economía En enero pasado, durante su intervención en el ITAM, atribuyó el freno de 2013 (el PIB creció ese año 1.1 por ciento, menos de una tercera parte del 3.9 que el gobierno había calculado originalmente) a: el retrasoen la forma en que el gobierno gasto el presupuesto; un reducción en el ritmo de actividad de Estados Unidos, destino de 80 por ciento de las exportaciones mexicanas; y a la crisis por la que pasa la industria de la construcción, particularmente la construcción de vivienda.

Sin embargo, dijo en esa ocasión, esos tres factores habían sido superados y se esperaba que, desde el primer trimestre de este año, las cosas cambiaran.

No fue así. Videgaray, al hablar el mes pasado ante los directivos de BBVA Bancomer, dijo que el “crudo invierno” en Estados Unidos –cuya economía, según dijo en enero, iba en recuperación—había varado las exportaciones mexicanas y con ello pospuesto el crecimiento en las magnitudes esperadas.

Para hablar de la economía los números importan, y mucho.

Pero también vale la percepción y las razones de orden no estrictamente económico detrás de las decisiones. Hay un Premio Nobel que ha estudiado ese tema, que no es el de esta nota.

Una empresa o familia que ve limitada su capacidad de inversión o gasto pospone decisiones, conducta que si se reproducen por aquí y por allá, va trazando un círculo vicioso. El gobierno y el Banco de México han tratado de evitar que se forme. Con poco éxito, hasta ahora. La Secretaría de Hacienda obtuvo del Congreso autorización para elevar este año el déficit fiscal de 0.5 a 1.5 puntos del producto interno bruto.

Eso significa que dispondrá de recursos adicionales a los que tuvo en 2013, mediante la contratación de deuda, por alrededor de 240 mil millones de pesos. Una cantidad muy parecida a la que generó la reforma fiscal. Por otro lado, el banco central ha reducido a un mínimo histórico de 3 por ciento anual su tasa de interés de referencia, a partir de la cual se fijan los costos de los préstamos en el sistema financiero, para tratar de generar incentivos a la inversión y al consumo.

Tampoco se ha visto el efecto de esta medida: el crédito crece a una tasa de 6 por ciento anual, la mitad que el año anterior. Y con las tasas de interés tan baja se castiga el esfuerzo de los ahorradores, que tienen un premio menor por sus recursos.

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 Araceli Ayala

Oficial de policía

 

Araceli Ayala trabaja oficialmente de policía. Y está asignada a un punto del alcoholímetro. Pero en sus ratos libres hace de todo con tal de llevar un peso más a su casa.

Tiene 26 años de experiencia como policía y es madre y padre de familia y, como tal, atiende las necesidades de sus dos hijos, uno de 24 años que estudia todavía y una de 22 que terminó la licenciatura en turismo y entrará en los próximos días a trabajar en la Policía Bancaria.

Araceli vive en Ciudad Nezahualcóyotl con sus papás, quienes, durante su ausencia, la han apoyado siempre con la educación de sus hijos. Actualmente tiene un sueldo de alrededor de cuatro mil pesos al mes que se le van como agua.

“Todos los días las cosas están más caras. Todo sube de precio y lo que ganamos no alcanza ya. Lo único que no sube es nuestro salario. Antes iba al supermercado con 500 pesos y podía comprar sopa, azúcar, café en polvo, leche y yogur. Ahora, por ejemplo, ya no tomamos café, y compro champú del más económico, a pesar de que no les guste a mis hijos”, dice.

Y por eso es que esta mujer, para completar el gasto pasa de mujer-policía a mujer-trabajadora-doméstica. “Tengo que dedicarme a hacer el quehacer en otras casas, o a veces lavo patrullas en el batallón, o la ropa de otros compañeros. Sólo así la libro aí más o menos”.

Araceli se pensionará en cuatro años. Y espera resistir los desequilibrios económicos hasta entonces, mientras su hija consigue aportar un poco más para disminuir los gastos de la casa.

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 Ricardo Atl Laguna Ramírez

Artista visual

 

Ricardo Atl es egresado de la Escuela Nacional de Pintura Escultura y Grabado La Esmeralda. Nació en 1980 en la Ciudad de México. Su carrera pudo pagarla trabajando como asistente de otros artistas. Eso le permitió también aprender a manejar distintos procesos plásticos.

Por mucho tiempo sus padres fueron asalariados. Su padre era jefe de compras en una empresa de seguros. Ella trabajó en la administración pública. Tras perder sus trabajos, han emprendido varios negocios: un par de papelerías y una tienda de abarrotes que fracasaron; ahora practican el comercio de temporada: reparan niños Jesús, pero también venden tamales, quesadillas, sopes y mermeladas en las ferias de Coyoacán.

Eso significa que durante muchos años la familia de Ricardo Atl se ha sostenido de la economía informal.

Hubo un tiempo en que Ricardo Atl, gracias a su talento pudo conformar una empresa en el ramo de la publicidad y echarse a los hombros a su familia: pagar sus deudas, mejorar la situación económica general.

Pensaba en cosas grandes: rentaba un taller, tenía asistentes de planta, cotizaba varios proyectos de más de 300 mil pesos, ganaba licitaciones para ser proveedor del gobierno...

Pero llegaron las elecciones, ganó el PRI y varios de los contratos de publicidad que tenía se vinieron abajo.

Todo se cayó.

Acabó entregando el taller en donde trabajaba, liquidando a sus asistentes y cargando con pequeñas deudas. Ahora, para sostenerse, imparte talleres, da clases, vende obra.

“Hay una crisis económica en el país que provocó que dejara de haber inversión. Y si deja de haber inversión, deja de haber publicidad. Y los proveedores últimos de la cadena, como era mi caso, son los primeros en resentirlo. Eso sucedió en 2012.

       “Desde que volvió el PRI a la fecha la situación económica ha empeorado —dice—. El poder adquisitivo ha disminuido. El dinero rinde menos. Ahora no podría vivir sólo de los talleres. Si no tuviera la beca, estaría muy difícil. El año pasado, los mismos talleres me permitieron vivir tranquilamente. Cuando empecé a dar estos talleres, hace tres años, había tres personas en el DF que los daban. Y ahora hay más de nueve personas que dan el mismo taller.

“Eso quiere decir que el gremio tiene poco trabajo y está tratando de buscarlo por la libre, autogenerándose ingresos. Ese solo patrón del autoempleo, cuando se da en muchos sectores, tal como ahora sucede, indica que algo en la economía del país no va bien.”

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Cambiar a México, por ahora, sólo un eslogan

 

 En un mundo en que las apariencias importan más de lo que aparentan, la aprobación del Presidente en el primer año y medio de gobierno ha ido bajando. Sólo un tercio de los mexicanos cree que las cosas van bien; siete de cada diez creen que la economía va mal, según datos de una encuesta de Consulta Mitofsky que midió la percepción tras 18 meses del actual gobierno.

La decepción por los resultados de la gestión económica es uno de los rostros más conocidos del mexicano promedio. Así que, en este terreno, el gobierno no ha logrado el cambio. La frustración tiene fundamentos concretos, conocidos por cualquiera que salga a la calle a ganarse la vida.

En estos dos años, la economía generará uno de cada dos empleos formales requeridos para atender la demanda de los jóvenes que se incorporan al mercado de trabajo. El poder de compra de los salarios se vio erosionado como efecto del alza de la inflación derivada de los aumentos de precio en el transporte público de las tres principales ciudades el país; el encarecimiento de algunos productos de consumo generalizado –¿quién ha dejado de comer gansitos o Sabritas y dejado de beber Coca Cola por el alza en el impuesto a la comida chatarra?—como consecuencia de la reforma fiscal.

Se suma el incremento desmesurado en el costo de algunos alimentos en los meses recientes, como el limón, pollo o derivados de harina de trigo.

Los números parecen abrumar pero retratan una realidad: las ventas en Wal Mart, la principal minorista del país, se han estancado, con varios meses entre 2013 y este año, en que reportaron caídas. La gente no compra.

Efectivamente, los datos reflejan la coyuntura del momento. En el caso de este gobierno, sin embargo, ya marcaron tendencia en cuanto al crecimiento. Pero permiten ver, también, que las fallas estructurales de la economía no se van atendiendo.

Nadie puede pensar que la reforma fiscal va a hacer que el gobierno dependa del petróleo para financiar un tercio de su gasto; nada se está haciendo, al menos por ahora, para inyectar fuerza al mercado interno, mediante más empleo y mejores salarios, para hacer del consumo local una alternativa a la dependencia que tiene el país de las exportaciones a Estados Unidos.

¿Todo está mal? Tampoco. Se han consolidado centros de alta tecnología e industria en el Centro y el Bajío, que si bien están generando una dinámica local de crecimiento, también retratan otra cara del país: su disparidad regional, con una zona Sur cada vez más rezagada y un Centro y Norte conectado a los circuitos de producción de la industria estadounidense.

Videgaray insiste en que el segundo semestre será mejor. El problema cuando se genera una expectativa tan alta, como logró hacer el gobierno al inicio de la gestión, es que el paso del tiempo hace cada vez más costosa la espera de los resultados. Y si no llegan pronto al bolsillo, el nerviosismo comenzará a cundir en Los Pinos a medida que se acercan las elecciones de medio sexenio.  Exactamente en un año más.

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Braulio Peralta

Periodista y editor

 Soy periodista y editor. Los primeros 30 años de mi trabajo como reportero, nunca pude hacerme de una casa: El periodismo no da para vivir bien, contra la opinión general,  que piensa que los de este oficio somos todos corruptos. Claro que los hay, pero son una excepción y —aunque sin pruebas—,  creemos saber quiénes son. Corromperse no es diferente a cualesquier otra profesión u oficio.

Fue hasta los 40 años que entré a la industria editorial, cuando recibí salarios como del primer mundo, en empresas trasnacionales. La jornada me dio muchas satisfacciones profesionales, sí, pero no lo que las editoriales donde trabajé, que me permitieron hacerme de un departamentito del Infonavit, y un piso en la Roma.

Ascendí, por fin, a la clase media real, la que no paga renta toda su vida. Pero qué creen: Tengo 60 y sigo pagando una hipoteca aunque ya terminé el adeudo con el Infonavit.

       Me pensioné hace unos meses, por gusto y libertad. Bajó mi potencial económico, drásticamente. Sigo pagando impuestos porque colaboro en un diario, Milenio  y, para no caer de estatus y compensar mi pensión, este tiempo me he dedicado a dar conferencias, talleres de periodismo o ser miembro de jurado en premios literarios. Conclusión: soy free-lance. Conste: Soy feliz profesionalmente, como nunca. Regresé al oficio de periodista, con ganas.

Trabajé un año como asesor cultural para el gobierno —el Conaculta—, y lo único que gané es haber sido acusado por El Universal, de ganar más de un millón de pesos anuales, sin decir que me quitaron el 30 por ciento del pago, para quién si no: para Hacienda. Se puso en duda mi honestidad y, para muchos, ya soy un corrupto: Qué barbaridad. No me quejo, pero la duda, cuando uno paga impuestos, es injusta. Y más a mi edad.

Ahora, con la economía no veo futuro, salvo que me saqué la lotería o reciba una herencia por ahí, perdida. No me arrepiento de aquella asesoría. Aprendí mucho y no le robé a nadie: Pude bajar los pagos mensuales de la hipoteca.

Desde que tengo uso de razón laboral pago impuestos a Hacienda: 22 mil pesos le entregue al fisco, en mis tiempos boyantes, los últimos 15 años. Nunca he ocupado el seguro social. Nunca he dejado de pagar las carreteras concesionadas de este país, que no son gratis, como otros países. Usar la carretera libre, ya sabemos, puedes terminar acribillado, o muerto.

Resido en la Roma, donde la luz pública es insuficiente en las calles y ni siquiera terminan de arreglar el Parque de la Cibeles, que parece en permanente ornamentación. Honestamente,  mis impuestos no los veo trabajando…

       No tengo hijos pero mantengo a dos familiares. Y a dos perritos adorables —Biga y Bolillo—, por los que pago impuestos. Lo de pagar impuestos es un martirio: Todo lo hacemos los contribuyentes, con ayuda de un contador, si podemos pagarlo. Hacienda tiene el derecho de cobrar al ciudadano: Lo que no, es convertir al contribuyente en sospechoso de evadir sus obligaciones fiscales.

Nos tratan como evasores permanentes. Supongo que es por los ricos de esta nación —y los evasores, también, de puestos ambulantes, esos pobres que se niegan a legalizarse. Pareciera que es a la clase media a la que tiene agarrada con las cuentas, y la que paga impuestos en este país. Los ricos, ni se preocupan, o sí, pero porque les quieren cobrar, por fin, un poquito más.

Desde que José López Portillo dijo que defendería al peso mexicano como un perro, pago impuestos. He sobrevivido a trece secretarios de Hacienda en los últimos sexenios, mismos que han dicho que México progresaría. Hablan siempre del mañana, del aquí en adelante, nunca en tiempo presente. Hacen soñar al mexicano: Desde las esperanzas de David Ibarra, el bromista  Jesús Silva Herzog, el vivo de Pedro Aspe, o los estrategas que fracasaron con Zedillo (Jaime Serra Puche, José Ángel Gurría y Guillermo Ortiz: ¡que sigue en el poder!), al delgado de Francisco Gil y el obeso de Agustín Carstens o el insoportable de Ernesto Cordero, hasta el actual Luis Videgaray, el hombre de las promesas de Peña Nieto.

En Europa y Estados Unidos, el mundo político y los ciudadanos que votan leen a Thomas Pikkety. Su libro, El Capital del siglo XXI, ha despertado enorme interés por sus propuestas económicas y en México nadie del poder gubernamental se entera que ahí se denuncia cómo los ricos ganan ante la desigualdad social y propone un nuevo modelo de desarrollo basado en la equidad.

Le dicen el nuevo Karl Marx. La izquierda, ni enterada. El libro se publicará al castellano este año, en España. Ojalá lo leamos con calma los próximos meses. Igual el mundo cambia y los ricos se solidarizan con un impuesto global para cambiar el espectro del Planeta…

Luis Videgaray nos trae de cabeza. Hasta ahorita no hay mexicano que no se queje de dinero in-circulante. Ni los empresarios le creen.  Yo, por ejemplo, desde que entró “el nuevo PRI” al poder, no he podido salir como cada año hacía, fuera del país, de descanso.

Sé que soy un mexicano privilegiado comparado con los que están debajo de mí, sí, ¿pero esto es lo que me ha podido dar la nación por mi vida profesional?

No le creo a Videgaray porque la historia de la economía de los últimos años es un desastre. Cuando viví en España las mentes más lúcidas como Héctor Aguilar Camín estaban del lado del salinismo. Y ya vimos como terminó aquella economía.

Desde entonces, pura ilusión, con PAN o con PRI.

Y hoy, Videgaray podría no llegar a concluir nada. No es un deseo. No. No soy fatalista. Pero uno se cansa. Ya son casi dos años, carajo…

Llegar a los 60 años, con un departamento de 125 metros y otro de 60, sin ahorros pero pensionado no creo que sea la panacea como destino para un profesional (aunque puedo presumir de premios por mi trayectoria de periodista).

Lo que sigue es irla pasando y esperar las enfermedades lógicas del tiempo. Cuidarte lo mejor que puedas, porque caer en las garras de los servicios públicos de salud puede ser mortal (hay pruebas, no es exageración).

Ascender en la clase social en México es una cuestión de suerte, no una procuración de justicia por parte del Estado. Aposté por la honestidad. Creía que pagar impuestos me hace un ciudadano comprometido con su país. Me salió caro: Lo más caro que he pagado en mi vida.

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Cronología de un desastre económico

2012, marzo– El candidato presidencial del PRI, Enrique Peña Nieto, promete, en campaña, triplicar el crecimiento económico, para ubicarlo entre 5 y 6 por ciento anual.

 

2012, diciembre– De aprobarse las reformas estructurales propuestas, el gobierno estima un aumento del Producto Interno Bruto del 3.5 por ciento para 2013.

 

2013, enero– La Secretaría de Hacienda y Crédito Público, a cargo de Luis Videgaray Caso, ajusta su expectativa de crecimiento por primera vez en 2013, lo reduce de 3.5 a 3.1 por ciento.

 

2013, mayo– Por segunda vez en el año, Hacienda reduce su pronóstico de crecimiento anual: pasa de 3.1 a 1.8 por ciento.

 

2013, septiembre – La Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex), se pronuncia sobre la Reforma Hacendaria propuesta por el gobierno. Entre otras cosas, esgrime la urgencia “de tener un solo impuesto directo de fácil determinación, que simplifique el cumplimiento de las obligaciones, acote los tratamientos preferenciales, incentive la formación de capital mediante estímulos fiscales y reconozca deducciones fundamentales que ayuden a generar la riqueza gravada”.

 

2014, enero– Cierra el crecimiento económico de 2013 en 1.3 por ciento.

 

2014, enero– Luego del raquítico crecimiento de 1.3 por ciento en 2013, Luis Videgaray Caso promete que la economía mexicana crecerá en 2014 a un nivel de 3.9 por ciento.

 

2014, mayo– Hacienda se retracta y corrige el pronóstico de crecimiento económico de 3.9 a 2.7 por ciento, y queda en medio de las estimaciones del Banco de México 2.3 – 3.3 por ciento.

 

2014, mayo – Videgaray Caso se justifica y trata de consolar a los mexicanos: “A pesar de que un crecimiento de 2.7 por ciento es insuficiente –arguye–, es más de lo que la economía mexicana ha crecido en los últimos 13 años: 2.3 por ciento.”

 

2014, mayo– El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), presenta los resultados del Sistema de Indicadores Cíclicos (SIC) que reflejan que el ciclo económico de México se encuentra actualmente en un periodo de desaceleración, ya que los indicadores Coincidente y Adelantado llevan varios meses con decrecimientos, y se ubican por debajo de su tendencia de largo plazo; lo que coloca al quehacer económico del país en una franca fase recesiva.

 

2014, mayo– El secretario de Hacienda niega que la economía mexicana esté en recesión a pesar de las cifras del Sistema de Indicadores Cíclicos, dadas a conocer por el INEGI; argumenta que el quehacer económico del país está creciendo y genera empleos.

 

2014, mayo– “En México seis de cada diez personas en edad productiva trabaja en la informalidad, lo que afecta la recaudación de entre 3 y 4 puntos del Producto Interno Bruto”, asegura Oxford Business Group.

 






















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