Viernes, 22 de Junio de 2018
 

Columna / Remolino de Jorge Meléndez // Cartón de Román



Remolino 2

Por Jorge Meléndez Preciado

LAS MALAS ARTES EN EL FUT NACIONAL

 

Decir que perdimos por un mal arbitraje un partido en el que íbamos ganando quince minutos antes de concluir, es la justificación del humillado que no sabe entender  ni trascender su realidad. Es lo mismo, valga la similitud, que pensar que triunfamos porque nos iluminó la virgencita de Guadalupe (el Ratón Macías como ejemplo) o que el nopal y los penachos son más poderosos que la técnica en la  mayoría de órdenes de la vida.

                Mejor encontremos algunas causas, reales, evidentes, de a qué se debe lo que sufrimos  hace un cuarto de siglo: caer derrotados por una u otra razón. Algo más que evidente con un ejemplo reciente: el famoso Chicharito estuvo más de 20 minutos en la cancha y no tocó la pelota ni siquiera para sobarla con la mano. Lo que demuestra nuestra actitud timorata y defensiva.

                En su libro, Balón dividido Juan Villoro (Planeta),  señala que es un error craso los torneos cortos, ya que no dan idea de cómo se avanza en los esquemas futbolísticos, pues en las ligas importantes: inglesa, española y alemana, el campeonato es de un año.

                También anota el literato enamorado del fut que no existe una planeación en ningún sentido y que es indispensable separar a las televisoras de los equipos, ya que eso impide que haya una sana relación entre negociantes e impulsores del deporte- espectáculo.

                Ciro Murayama en: La economía del futbol (Cal y Arena) plantea que no sabemos nada acerca de las transferencias de los jugadores entre equipos, que no existe un sindicato de futbolistas donde se tenga un contrato colectivo (España sí) y que incluso ni siquiera el Seguro Social informa quiénes son los trabajadores del balompié que están afiliados; esto último a propósito de Salvador Cabañas, quien recibió un disparo en la cabeza de un narcotraficante en un bar que tenía nexos con Televisa y luego fue satanizado por dicho medio de información.

                Hay incluso un capítulo acerca de la “Evasión de impuestos”, donde el mismo Leonel Messi tuvo que pagar grandes cantidades al fisco ya  que no declaró correctamente. Algo que debe ser motivo de atención, ahora que la secretaría de Hacienda  quiere mayor transparencia, aunque generosamente  exoneró de cargas fiscales a quienes anduvieron y patrocinaron al equipo mexicano en la pasada Copa del Mundo.  ¿Por qué?

                En otro libro que al parecer no tiene una relación directa con este deporte- espectáculo-  lavado de cerebro, Figuraciones mías de Fernando Savater (Ariel), encontramos una serie de cuestiones muy interesantes.

                Dice el filósofo español que hay un texto de primera que: hace “curarse de idealizaciones excesivas de este deporte multimillonario y enterarse de sus bajos fondos”, y es: Juego sucio. Futbol y crimen organizado de Declan Hilla (Ed. Alba), el cual hizo que Michel Platini se haya decidido a “crear un departamento de anticorrupción en la UEFA”.

                (En  México, por cierto, no hay una iniciativa de ninguna organización al respecto. Ya es hora).

                Savater anota que en El Rey Lear (acto 1, escena 4), el bardo de Avon: “pone en su sitio a un atrevido bribón llamándole <<vil futbolista>>”. Y remata Fernando: “No deja de ser divertido que lo que en tiempos de Shakespeare podía ser un insulto hoy se vea convertido en el destino profesional más universalmente envidiado”.

                Y ya sabemos que algunos de estos ídolos, muchas veces son golpeadores de mujeres, protagonistas de borracheras infinitas y acémilas para cualquier asunto que no tenga relación con patear una bola.

                Y como dice James Joyce: “No pienso hacer nada por mi patria, pero no me importaría que mi patria hiciese nada por mi”. O citando a Emil Cioran: “Una patria es un soporífico para cada instante”.

                Así pues, no hay mucho que agradecer ni reclamar a la llamada selección nacional, pues sus triunfos no son los nuestros, de todos, menos de aquellos millones que han sido olvidados por la mayoría de los gobiernos; ni sus fracasos son parte del México profundo, el cual muchas veces se ha levantado solo, incluso  sin la mínima  atención de la televisión.

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@jamelendez44

 






















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